
Hasta que dejes de respirar,
Técnica mixta sobre cartón, 60x90 cms. 1998
Esta imagen corresponde a uno de mis primeros óleos, realizado durante mi etapa como estudiante en la BUAP (1998). La pintura nació en la materia Medios y Técnicas de Representación, impartida por el maestro Gonzalo Fernández, un docente de carácter afable y relajado, que fomentaba en sus clases un ambiente de libertad para la creación y el desarrollo técnico.
Al inicio del proyecto nos indicó que cada alumno debía elegir una técnica pictórica para desarrollar un tema libre. Algunos compañeros trabajaron con acuarela, acrílico, grafito, tinta china o pasteles —lo más clásico—; otros se inclinaron por técnicas como el repujado, el grabado o incluso la aerografía. El resultado fue un panorama de proyectos tan diverso como interesante.
Yo opté por el óleo, apoyándome en gesso granulado para dar textura y volumen a ciertas áreas. En aquel entonces, la música de Caifanes era mi compañera constante, y me inspiró a retomar el título de una de sus canciones para mi obra, dándole un sentido ambientalista: “Hasta que dejes de respirar”, decidí nombrar así mi pintura; aunque la letra tan subjetiva como la obra de Saúl Hernández, no aludía de manera directa a la ecología.
El lienzo, de estilo cubista, presenta como figura central a un canguro sentado sobre una máscara antigás, en medio de un paisaje árido y desolado. La escena sugiere el desconcierto del animal y simboliza la destrucción del planeta a causa de la contaminación humana.
Tras casi dos semanas y media de trabajo entre bocetos y ejecución, surgió este cuadro de 60 x 90 centímetros, lleno de colores complementarios y figuras extrañas. Recuerdo que, por su tamaño, más de una vez me ocasionó dificultades en el transporte público entre mi casa y la universidad. Fue la obra más grande -por su dimensión- que había pintado hasta entonces y aunque el resultado no terminó de convencerme, nunca quise deshacerme de ella; era un vínculo con momentos entrañables. La conservé a pesar de muchas mudanzas posteriores y cuando dejé la ciudad de Puebla en mi regreso a Chiapas, me la traje conmigo. Más tarde la mandé enmarcar y hasta hoy, permanece en casa de mis padres como un testigo mudo de mis primeros pasos en la pintura.