jueves, 6 de agosto de 2026

Nunca me voy a transformar en ti.



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 Nunca me voy a transformar en ti -Arte mixto 2026

 

Te voy a dar todas mis cosasPara que no te falte nada, corazónTe voy a dar todas mis venasPara que cures todas tus penas, corazón

Pero nunca me voy a transformar en ti

Me voy a convertir en todoMe voy a conformar en modoMe voy a convertir en todoMe voy a transformar en loboPara aullarte la noche entera

Pero nunca me voy a transformar en ti

 

jueves, 4 de junio de 2026

Me gustaba ver llover... pero ahora ya no.

Entre las cosas que me ponían de buen humor estaba el olor a tierra mojada en vísperas de la temporada de lluvias, que normalmente comienza a mediados de Mayo. Esa sensación tan agradable me indicaba que pronto cedería un poco el incómodo calor citadino y que las frutas de temporada volverían a estar presentes en las cestas de los mercados.

Con la llegada de la lluvia, muchas actividades comienzan a prosperar. En el campo se acelera la producción, mejoran las cosechas, los pastizales crecen y hay más disponibilidad de agua para el ganado. Bosques, selvas, humedales y fauna silvestre dependen de los ciclos de lluvia para sobrevivir. El agua trae consigo vida y bienestar allí donde se hace presente.

Esto es lo que normalmente debería ocurrir. Sin embargo, en los últimos quince años, aproximadamente desde 2011, los datos y análisis climáticos muestran una tendencia hacia una mayor irregularidad en el régimen pluvial de la región metropolitana de Tuxtla Gutiérrez. Ahora las tormentas son más intensas y pueden descargar enormes cantidades de agua en pocas horas, dejando a su paso severas afectaciones: inundaciones, deslaves, daños a viviendas y erosión del suelo. Una situación que, en gran medida, es consecuencia del acelerado crecimiento de la mancha urbana.

La ciudad ha crecido sobre áreas que hace décadas permitían una mayor infiltración. Muchas zonas que antes eran terrenos naturales ahora son colonias, fraccionamientos, plazas comerciales o vialidades.

Tuxtla se encuentra en un valle rodeado de elevaciones. Durante lluvias intensas, grandes volúmenes de agua descienden rápidamente desde las laderas hacia las partes bajas de la ciudad. Con los programas municipales de urbanización, muchas calles de colonias ubicadas en zonas altas han sido pavimentadas, lo que ha reducido drásticamente la infiltración. Esto convierte a las calles en auténticos toboganes de asfalto que arrastran todo a su paso.

Si a esto se suma la cantidad de basura arrojada en la vía pública, que termina saturando alcantarillas y rejillas de drenaje, los puntos de inundación aumentan y la ciudad se transforma temporalmente en una enorme laguna.

Después de un aguacero torrencial es común encontrar en portales noticiosos y redes sociales videos de las afectaciones: automovilistas y motociclistas arrastrados por la corriente, decenas de viviendas y negocios inundados, vialidades anegadas y caos vehicular. Es entonces cuando dejo de romantizar la lluvia.

En varias ocasiones, de regreso a casa, me ha tocado enfrentar aguaceros muy fuertes y tener que orillarme porque continuar resulta peligroso. Me inquieta pensar que, inevitablemente, podría quedar a merced de la corriente en alguna de las tantas zonas de la ciudad catalogadas como peligrosas. Las calles se vuelven intransitables por la cantidad de lodo, piedras y basura que arrastran los escurrimientos. Esta situación se ha vuelto cada vez más común durante la temporada de lluvias.

La solución está muy lejos.

Diversos estudios indican que Tuxtla cuenta con una infraestructura pluvial diseñada para una ciudad mucho más pequeña y sin una visión de crecimiento a largo plazo. Como consecuencia, el desarrollo urbano ha rebasado la capacidad de este sistema, volviéndolo insuficiente.

La construcción de un sistema pluvial integral que incluya colectores de gran capacidad, canales de alivio, estaciones de bombeo y otras obras complementarias, como la recuperación de zonas de infiltración, pavimentos permeables y reforestación urbana, implicaría una inversión de miles de millones de pesos.

Ningún gobierno, ya sea municipal o estatal, ha querido “aventarse el tiro” de emprender una obra de tal magnitud. Además, gran parte de esta infraestructura sería subterránea, extremadamente costosa y poco visible políticamente, aunque se trate de una de las obras más importantes para el futuro de la ciudad.

Por ahora, y probablemente durante muchos años más, a las autoridades solo les alcance para realizar trabajos de mantenimiento en rejillas y alcantarillas, así como labores de desazolve del Río Sabinal.

Hoy, ya no espero entusiasta las primeras lluvias de Mayo. El olor a tierra mojada sigue siendo agradable, pero ahora viene acompañado de una sensación de incertidumbre. Ya no pienso únicamente en el alivio del calor; también pienso en las calles convertidas en ríos, en las familias que perderán parte de su patrimonio o que mantendrán amurallado su hogar para evitarlo; en el caos que año tras año, parece repetirse. Me gustaba ver llover... pero ahora ya no.




Videos tomados de los portales Quintopodermx y Alerta Chiapas. 

miércoles, 11 de marzo de 2026

Nadar contra corriente


Siempre me han gustado los gatos y los perros. Considero que son animales extraordinarios por su capacidad de compañía, lealtad y afecto hacia los seres humanos. En esta etapa de mi vida tengo dos perros que, con el paso del tiempo, han dejado de ser simples mascotas para convertirse en parte de la familia, sobre todo por las muchas anécdotas y momentos que hemos vivido junto a ellos.

Desafortunadamente, no todos los animales de compañía tienen las mismas condiciones de vida. En muchas colonias populares de Tuxtla Gutiérrez el abandono de perros y gatos se ha vuelto un escenario frecuente.

En la colonia donde vivo, por ejemplo, es común ver animales que pasan el día buscando algo de comida o un poco de agua. Algunos vecinos, dentro de sus posibilidades, colocan recipientes con agua o dejan alimento, incluso destinan tiempo y recursos para atender a los que están enfermos o heridos. Son gestos pequeños, pero significativos. Aun así, el problema parece no tener fin.

A veces desaparecen uno o dos animales —probablemente por enfermedad, hambre o atropellamiento— y poco después aparecen tres o cuatro más. Es una dinámica que se repite constantemente: el abandono es latente y la población de animales en la calle vuelve a crecer.

Con el tiempo también hemos aprendido, como sociedad, a convivir con esa realidad. Hemos normalizado escenas de abandono y sufrimiento animal. Muchas veces preferimos hacernos de la vista gorda, ignorar el problema o volverlo invisible para no sentirnos responsables. Pero la realidad sigue ahí, frente a nosotros y  necesita atención.

Un problema más grande de lo que parece

La situación no es un fenómeno aislado. Diversos estudios estiman que en México existen cerca de 28 millones de perros y gatos en situación de calle, una de las cifras más altas de América Latina. 1

Se calcula además que una gran parte de estos animales proviene de hogares donde alguna vez fueron mascotas. Es decir, no nacieron en la calle: llegaron ahí por decisiones humanas.

Las razones del abandono suelen repetirse: falta de tiempo para cuidarlos, falta de espacio, cambios de domicilio o problemas de comportamiento del animal. Pero detrás de esas explicaciones suele existir un factor común: la falta de conciencia sobre lo que significa realmente tener una mascota.

La responsabilidad de tener una mascota

Adoptar o comprar un animal implica asumir una responsabilidad que puede durar entre diez y quince años o incluso más. No se trata únicamente de disfrutar de un cachorro juguetón o de un gato pequeño; también significa hacerse cargo de su alimentación, su salud y su bienestar durante toda su vida, incluso cuando envejece y requiere mayores cuidados.

Sin embargo, todavía es frecuente que algunos animales sean abandonados cuando dejan de ser jóvenes o cuando presentan problemas de salud. En esos casos, lo que comienza como una decisión individual termina convirtiéndose en un problema social.

Por eso la educación y la concientización son factores fundamentales. Las nuevas generaciones deben comprender que una mascota no es un objeto que se pueda desechar cuando deja de ser conveniente.

El papel de las autoridades

La responsabilidad tampoco recae únicamente en los ciudadanos. Las autoridades tienen un papel importante en la creación y aplicación de políticas públicas que ayuden a controlar este problema.

En distintos países de Europa como Alemania, España, Belgica, entre otros, han implementado medidas más estrictas para combatir el abandono animal. Algunas de las más efectivas incluyen:

  • Registro obligatorio de mascotas
  • Identificación mediante microchip
  • Campañas permanentes de esterilización
  • Sanciones económicas severas por abandono
  • Programas públicos de adopción responsable

Aunque estas políticas no eliminan completamente el problema, han demostrado ser herramientas eficaces para reducir la población de animales en situación de calle.

Un esfuerzo silencioso

Mientras tanto, existen personas que realizan una labor admirable. Vecinos que alimentan a los animales, administran medicamentos, organizan campañas de esterilización o adaptan espacios en sus propias casas para dar refugio temporal.

Esos refugios improvisados terminan convirtiéndose en hogares permanentes para varios animales. Sin embargo, el espacio y los recursos siempre resultan insuficientes frente a la magnitud del problema.

Ayudar a los animales abandonados se ha convertido, para muchas personas, en una tarea que exige paciencia, tiempo y recursos. Es una labor constante que busca compensar, en parte, la irresponsabilidad de otros.

Es un trabajo que rara vez recibe reconocimiento y que muchas veces se sostiene únicamente por la voluntad y el compromiso personal.

Una responsabilidad compartida

El abandono animal no es solo un asunto de compasión; también es un tema de responsabilidad social.

Reducir este problema requiere la participación de todos: ciudadanos que asuman con seriedad el compromiso de tener una mascota, autoridades que hagan cumplir las leyes y comunidades que promuevan la adopción responsable y la esterilización.

Cada perro o gato que vemos deambulando por la calle es, en el fondo, el resultado de una decisión humana.

Y mientras esa realidad no cambie, siempre habrá personas que, con recursos limitados pero con una enorme voluntad, seguirán intentando ayudar.

Aunque eso signifique, todos los días, seguir nadando contra corriente.

¹ Índice de Mascotas sin Hogar (State of Pet Homelessness Index), elaborado por Mars Petcare.

viernes, 6 de marzo de 2026

Inteligencia artificial: el intruso cotidiano


La inteligencia artificial dejó de ser ciencia ficción y casi sin darnos cuenta, se coló en nuestra vida cotidiana; en el trabajo, en el celular, en el diseño, en la música, en la forma en que buscamos información y hasta en cómo escribimos mensajes. Es “el futuro” que ya nos llegó, pero avanzando a diferentes velocidades según el país.

En México, la IA crece paso a paso: aplicaciones, automatización básica, herramientas creativas y soluciones prácticas que poco a poco nos van familiarizando con esta tecnología. En contraste, países como China y Japón llevan ventaja gracias a una mayor inversión, infraestructura sólida y una cultura tecnológica más arraigada. Nosotros simplemente avanzamos a otro ritmo. 

Uno de los terrenos donde más se nota este cambio es en los medios audiovisuales. La inteligencia artificial ha transformado la manera de crear, editar y consumir contenido. Hoy un video puede escribirse, animarse, doblarse a otros idiomas y publicarse en cuestión de minutos. Lo que antes requería un equipo completo, ahora puede hacerse desde una laptop o incluso desde un celular.

En las redes sociales, la IA no solo ayuda a producir contenido, también decide qué vemos. Los algoritmos analizan rápidamente si una publicación llama la atención: cuántas personas la miran, si se detienen, comentan o la comparten. Cuando la respuesta es inmediata, el contenido se difunde; cuando no, queda relegado. Por eso abundan los videos cortos, los mensajes directos y las imágenes diseñadas para impactar desde el primer segundo.

Este nuevo escenario ha acelerado la forma de contar historias. Hay más alcance y más oportunidades para crear, pero también una gran cantidad de contenido compitiendo al mismo tiempo. Hoy no basta con tener una buena idea; es necesario comunicarla con claridad, rapidez y pertinencia.

Ahora bien, no todas las personas usan la inteligencia artificial de forma consciente. Su adopción depende del tipo de trabajo y del entorno en el que cada quien se mueve. Aun así, millones de personas ya interactúan a diario con la IA  sin notarlo: al usar mapas, plataformas de streaming, banca digital, servicios de salud, compras en línea o dispositivos inteligentes en casa. Todavía no es universal, pero su presencia crece de manera constante.

“Más que una tecnología lejana, la inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta cotidiana que influye en cómo trabajamos, creamos y nos comunicamos. Entenderla y aprender a convivir con ella no es una obligación técnica, sino una forma de adaptarse al presente. En algunas áreas, la IA no ha reemplazado a las personas —por ahora—, pero sí está transformando la manera en que hacemos las cosas. En este contexto, conocerla no es solo adquirir una habilidad, sino desarrollar una nueva forma de relacionarnos con la tecnología.”